Había pasado un día, desde las lejanas cinco de la tarde de aquel 19 de diciembre de 2001. Rodeado de cosas y de silencio llegué a la casa. En el televisor, la imagen de un presidente hablaba en silencio su falta de palabras. Era la falta de palabras de cualquiera. Ya no había significantes posibles para narrar el dolor de ese día.
Sólo quedaba esperar que surgiera desde el fondo de la tierra el germen que quebrara el manto de vacío. Algo como un estallido encadenado del magma efervescente de los estados de ánimo. Como la explosión de la más primigenia materia de lo humano. Como una virulenta colisión de metales que invocaba a los dioses a restituir el hálito de lo sagrado. Como la reverberación provocada por el fatigoso rebote de un cucharón aplicado sobre una cacerola, una vibración posible de cruzar toda la ciudad silenciosa para sacudir el fondo de la angustia con un retumbar constante y creciente.
Los embates continuados comenzaron a multiplicarse de manera exponencial, surcando por doquier los recovecos de una ciudad carente de ingenuidad, hasta formar, con el correr de los minutos, una comparsa extraviada que enhebraba con mesura cada golpe que manaba en clave de alegría.
Libro – El Día de la Esperanza
julio 1, 2009 a las 9:38 pm |
hubo ruidos previos, muy previos, hoy yo los sigo escuchando, el de los compañeros que salian de la carcel de devoto el 25 de mayo del 73, el de los tiros y los gritos en ezeiza, el de la retirada de la plaza de mayo porque el lider nos echaba, el de los gritos de los torturados, el ruido energetico de llenar las plazas por verdad y justicia, el ruido de felicidad de ver caer el cuadro de videla, el ruido de la muchedumbre llena de esperanza en porto alegre, esos ruidos que decis vos del 19 de diciembre y estos otros tambien, el de las cacerolas de barrio norte………como dice Lenin escuchemos atentamente el ruido que hace la hierba al crecer, volvamos a nuestro origen, refugiemonos en nuestras raices, que los trovadores y los poetas, nos sigan dando la energia para continuar empuñando la militancia de la utopia
diciembre 7, 2011 a las 2:11 am |
Gracias Tío del Carril por compartir este relato!
diciembre 20, 2011 a las 3:44 pm |
Gracias.